Nací en Guadalajara, Jalisco,  el 8 de diciembre de 1984, pero crecí en la ciudad de Tepatitlán. Cursé los estudios de primaria y secundaria en un colegio Marista, posteriormente fui a una preparatoria de la UDG y después a la Universidad Intercontinental en la Ciudad de México.

 

     La pasión por el arte me es tan antigua que sin duda me fue dada desde antes de mi nacimiento. Siempre me encontraba perdido en los lápices de colores, en la lectura de algún cuento ilustrado o en los sonidos de los instrumentos más comunes. Jamás he realizad estudios formales en ninguna área artística, todo ha sido pasión y perseverancia en compañía de algunos talleres semiprivados con otros artistas. Desde niño cultivé el dibujo, la pintura y la música.

 

     En la universidad me gradué como licenciado en Filosofía, disciplina que me ha ayudado a adentrarme en las cavernas de la belleza para enriquecer los significados de mi trabajo. Al mismo tiempo, cultivé el lenguaje escrito en varias formas.

 

     Junto con esto, el Carmelo me llegó por sorpresa. La vocación religiosa me abordó igual que la pasión por el arte: como un sello indeleble que ha estado ahí por siempre. La espiritualidad Carmelita me abrió las puertas al verdadero origen de la belleza: un Dios enamorado de su creación, enamorado del alma humana.

 

     Ahora, el arte y el Carmelo son uno en mí. Es como si de pronto el primero fuera el alimento para andar por el segundo, como ocurrió a Elías:

Elías se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel le tocó y le dijo:

—¡Levántate, come!

Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo:

—¡Levántate, come! Que el camino es superior a tus fuerzas.

Elías se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Allí se metió en una cueva, donde pasó la noche.

1Re 19, 5-9

Actualmente vivo en una comunidad Carmelita en Tucson, AZ, como capellán de una gran preparatoria: Salpointe