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  • Emanuel Franco

Dios ha mirado a su pueblo


Ya es de noche. Los ruidos lejanos del campo se han callado al fin. La ciudad duerme. Ronda el silencio. La creación entera ha enmudecido y espera pacientemente como quien acaba de llenar sus pulmones de aire antes de emitir un largo y profundo suspiro.

Ya es de noche. El cansancio comienza a disiparse como el vapor que emite la tierra caliente tras una tormenta de verano. Las bestias se han echado sobre la hierva y miran al horizonte como si la docilidad fuese ahora su naturaleza. Aguardan tranquilas.

Ya es de noche. Los pensamientos han dejado de perturbar el ritmo del mundo. Las aves ya no tienen motivos para huir. Las águilas cubren a sus polluelos, pronto aprenderán a volar y estarán listos para surcar nuevos cielos.

Ya es de noche. José empuja la puerta del establo para que María entre. Los dolores de parto se hacen más intensos, pero la mujer no se queja. El sudor baja por su frente, sonríe. Está llegando la hora.

Ya va a amanecer. Los ángeles comienzan el descenso en silencio para no asustar al mundo. El alumbramiento está apunto de ocurrir, la hora de dar la gran noticia se acerca. Los mensajeros celestes están felices, saben que todo va a salir bien.

Ya va a amanecer. Un pastor se despierta. El calor que trae el viento es inusual. Una oveja, la más joven, sacude sus orejas receptiva al cambio de temperatura.

Ya va a amanecer. Una nueva era comienza. La hora del alumbramiento ha llegado. José sostiene la mano de María. El niño rompe en llanto. La aurora se asoma. La oveja se levanta. El águila sacude las alas. Las bestias se yerguen. La tierra comienza a exhalar. El suspiro surca los valles y sube poco a poco hasta tocar la cima de las montañas.

Ya va a amanecer... ¡Despierta Israel, el Mesías está aquí!

Los ángeles pisan tierra. Los cimientos de las ciudades se remueven adoloridos. El agua vuelve a llenar el subsuelo abatido por la sequedad. El cielo sopla de alegría. La oscuridad que cubría la Tierra se disipa. Las estrellas se asoman, se acercan...

Ya va a amanecer… ¡Despierta Israel, el Mesías está aquí! Los pastores se levantan, las ovejas saben a dónde ir. Los reyes de la tierra elevan la mirada. Las estrellas no mienten, el tiempo se ha cumplido. Los ángeles rompen el silencio:

–¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!

El niño deja de llorar, se prepara para la vida. Sacude su carita.

Ya va a amanecer...

Despuntan los rayos del sol.

¡Despierta Israel!

El padre alza a su hijo en brazos, la madre se deja abrazar por el sueño. El bebé arruga la frente. El Mesías abre sus ojitos, contempla al mundo por primera vez...

¡Dios ha mirado a su pueblo!


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